Mirame. Sabes lo mucho que me gusta perderme en tus pupilas.
No lo digas más, nunca más. De nada sirve que lo repitas, no continues con esto. Regalame un silencio, mantenete callado que la noche esta tranquila. Tantas dudas, nos desgastan y nos vuelven cenizas; por eso esta noche, te pido que abandones esa indecisión.
Alimentá el deseo, abusa de la pasión; te entregó mi alma y mi cuerpo vacíos de dudas. Despertá, aviva el fuego, tranforma esas cenizas; esta noche estás libre de juicios, sólo te imploro: no nos hagas caer en ese círculo de nuevo. No te quedes quieto, no derroches ni un segundo, que el amanecer siempre se avecina rápido en nuestra habitación. Haz que esta noche sea eterna, avanza sobre mi cuerpo, desnuda mis sábanas, olvidate del día que hoy está nublado.
Algunos días el recuerdo me vence, te extraño tanto que no puedo soportarlo. Por eso, dejame abrazarte una vez más. Siento tu respiración en mi oído, cada tanto un suspiro; siento como tu pecho se eleva en cada respiro, y luego de un tiempo cada palpitación. ¿Y si fuera nuestra última noche?
El temor me invade, y te tomo aun más fuerte. Mis uñas se deslizan y se prenden a tu remera como si intentaran aferrarte; y lentamente siento a mi cuerpo desvaneciéndose en tus brazos y vos atajándome tan fuerte. Sólo vos sabes darme esa seguridad.
Un ‘te quiero’ en un tono delicado, claro y convincente, con ese toque de dulzura propio de tu voz; en el instante preciso, donde soy tan vulnerable; y acompañado de un ligero roce de tus manos. Y soy toda tuya para siempre, para siempre vos y yo, siempre rendida en tu aroma, hundiéndome en tu fondo azul; porque sé que mi piel nunca más va a dejarte ir.
Luli Soto
No hay comentarios:
Publicar un comentario