La corriente gélida me conquista. El invierno barre las hojas que dejó olvidadas, y con ellas mi sentir.
Mis manos perciben la garua y se hacen prisioneras de tu recuerdo, dichosas. Leo en ellas un nuevo nombre; escribo frescas y desconocidas memorias, atractivas sensaciones a las que mi cuerpo responde extasiado, encantado, buscando y pidiendo por más; olvidándose de un antiguo suplicio.
Te despojo de lo ajeno, comenzándote a sentir propio. Suplicándole a una nueva piel el tacto más sutil.
Mis dedos se deslizan y relatan lo que tu figura les reclama, lo que tu recuerdo hace resonar en mí. Se sienten tentadores y cautivantes, de la misma manera en la que se sintieron tus pupilas y tus brazos aquella vez. Procuran un nuevo inicio, una excitante posibilidad.
Hablan de querer quererte en cada palabra, consolidándonos en cada oración, redimiendome del pasado, en tu boca y mi placer.
Y desean -tal vez de una forma prematura pero segura- hacerlo infinito.
Luli Soto.
Alegría & Dolor
''I had a really good childhood up until I was nine, then a classic case of divorce really affected me.'' (Kurt Cobain)
martes, 6 de julio de 2010
lunes, 28 de junio de 2010
Redención de tus pecados
Toma su café, sin quitarle la vista de encima.
Nunca me mirás fijo. Parecería generarte un mayor placer contemplar aquellas sábanas o incluso el techo, sin advertir ni la más mínima expresión de mi cuerpo. ¿Acaso mi forma te es tan insignificante... tan desdeñable? Mis manos no merecen tu piel, sólo el abandono.
Desearía ahogarte en mis pupilas, en mi pecho. Fijarte en mí. Sentir un mínimo reparo de tu boca.
Me pregunto si pensarás en mi cuando hacemos el amor en mi habitación, o estarás deseándola a ella, llorándola, evocándola. Sé que mi cuerpo no es siquiera idóneo de su representación. Padece la idea de proyectarla en mí, lo atormenta, lo lastima; e intenta el roce más ínfimo y modesto. Y qué hay de mis anhelos, mis ansias? Sucumben con la satisfacción. Pero... es aquello realmente importante?
¿Acaso alguna vez has soñado despierto con mi cuerpo? ¿Alguna vez lo habrás deseado?
Encontrarás el olor de mi piel irresistible? Lo buscarás en tu almohada, o en tus sueños? En cada pliegue de tu ser.
Pierde la mirada en la ventana, observa los cristales sumidos en el invierno. Fuma una pitada, sus dedos sienten el arder del tabaco, percibe su aroma y sus ojos distinguen aquella niebla gris. Se empañan, se inundan en pesares. Desciende la mirada, reprimiéndola, ocultándola.
¿Qué estabas buscando en mí? Era sólo lo tabú, el sexo, el desespero. Es tu insatisfacción, tu miseria, mi rendición.
Alza la mirada, abrumada en una gran congoja. Duda, pero no se deshace de sus pupilas.
¿Que fue aquello que encontraste que no te deja abandonar? La culpa, el sexo evidente o la libertad?
-Yo ya no quiero estar con vos, pero tampoco puedo superarte... Así que, te lo pido por favor, ayudame...
-A superarme? Está bien.
Y luego la besó.
Luli Soto
Nunca me mirás fijo. Parecería generarte un mayor placer contemplar aquellas sábanas o incluso el techo, sin advertir ni la más mínima expresión de mi cuerpo. ¿Acaso mi forma te es tan insignificante... tan desdeñable? Mis manos no merecen tu piel, sólo el abandono.
Desearía ahogarte en mis pupilas, en mi pecho. Fijarte en mí. Sentir un mínimo reparo de tu boca.
Me pregunto si pensarás en mi cuando hacemos el amor en mi habitación, o estarás deseándola a ella, llorándola, evocándola. Sé que mi cuerpo no es siquiera idóneo de su representación. Padece la idea de proyectarla en mí, lo atormenta, lo lastima; e intenta el roce más ínfimo y modesto. Y qué hay de mis anhelos, mis ansias? Sucumben con la satisfacción. Pero... es aquello realmente importante?
¿Acaso alguna vez has soñado despierto con mi cuerpo? ¿Alguna vez lo habrás deseado?
Encontrarás el olor de mi piel irresistible? Lo buscarás en tu almohada, o en tus sueños? En cada pliegue de tu ser.
Pierde la mirada en la ventana, observa los cristales sumidos en el invierno. Fuma una pitada, sus dedos sienten el arder del tabaco, percibe su aroma y sus ojos distinguen aquella niebla gris. Se empañan, se inundan en pesares. Desciende la mirada, reprimiéndola, ocultándola.
¿Qué estabas buscando en mí? Era sólo lo tabú, el sexo, el desespero. Es tu insatisfacción, tu miseria, mi rendición.
Alza la mirada, abrumada en una gran congoja. Duda, pero no se deshace de sus pupilas.
¿Que fue aquello que encontraste que no te deja abandonar? La culpa, el sexo evidente o la libertad?
-Yo ya no quiero estar con vos, pero tampoco puedo superarte... Así que, te lo pido por favor, ayudame...
-A superarme? Está bien.
Y luego la besó.
Luli Soto
lunes, 14 de junio de 2010
Sudestada
Cigarrillos pasados por agua y cielos grises, corazones despechados. La piel impermeable cubierta de marcas que la lluvia nunca supo borrar, y labios que se aniegan en reclamos. Me ahogo en la envidia de un sexo ausente, fumando mis deseos hasta la colilla.
El cabello húmedo roza mi mejilla y las lágrimas se confunden con gotas. Nunca conocí a nadie que me deseara tanto, que me quisiera tan poco.
Corro y me consumo entre saltos y charcos, entre autos y semáforos. Ya no me resguardo de lo que me atormenta, sucumbo ante el olvido, y ansío disiparme en la infinidad de estas cuadras. Y sin embargo, regreso al mismo lugar.
Me despojo de la ropa ya hecha agua, deseando así desprenderme de algún pasado, transformando tu aroma en humo, tus besos en cenizas.
Luli Soto
El cabello húmedo roza mi mejilla y las lágrimas se confunden con gotas. Nunca conocí a nadie que me deseara tanto, que me quisiera tan poco.
Corro y me consumo entre saltos y charcos, entre autos y semáforos. Ya no me resguardo de lo que me atormenta, sucumbo ante el olvido, y ansío disiparme en la infinidad de estas cuadras. Y sin embargo, regreso al mismo lugar.
Me despojo de la ropa ya hecha agua, deseando así desprenderme de algún pasado, transformando tu aroma en humo, tus besos en cenizas.
Luli Soto
domingo, 23 de mayo de 2010
3.37 am
La melodía se apodera de mí. Se encarna en mi cuerpo haciendolo propio. Recorre desde la punta de mis pies hasta la nuca en una brisa leve. Poco a poco, lo eleva.
La siento atrás mío, susurrando, en el oído, humedeciendo mi nuca. Recorriendo mi espalda en una oleada de escalofríos.
Se oyen las gotas de lluvia caer, a lo lejos. Aterrizan una y otra vez contra el techo. Me acompañan en mi soledad. Se acuestan conmigo en tu cama curiosas, expectantes. Aguardándote.
Se desvanecen entre los recuerdos sobre tu almohada, en mi insomnio de madrugada.
La siento atrás mío, susurrando, en el oído, humedeciendo mi nuca. Recorriendo mi espalda en una oleada de escalofríos.
Se oyen las gotas de lluvia caer, a lo lejos. Aterrizan una y otra vez contra el techo. Me acompañan en mi soledad. Se acuestan conmigo en tu cama curiosas, expectantes. Aguardándote.
Se desvanecen entre los recuerdos sobre tu almohada, en mi insomnio de madrugada.
sábado, 3 de abril de 2010
Santo Jueves.
Fumó otra pitada y compartió con ella, una vez más, los restos de su amarga sonrisa. Desviaba y centraba la vista en distintos puntos, para esquivar su mirada. Sentía que de esta manera -en su retorcida cabeza- hacia de aquella intimidad y de su relato, algo ajeno, más impropio. Lo cierto era que la tristeza se le notaba en el más mínimo pliegue, y aquellas ganas de tomarle la mano me eran infinitas.
-Y decime V., ¿qué carajo le ves a este tipo?- Si debo apelar a una honestidad brutal, diría que aún no descubro si es debido a esta constante y latente búsqueda de afecto en cuerpos ajenos, producida por una necesidad insatisfecha en mi deseo original; o un complejo y agudo apego al maltrato, propio de una conducta masoquista - que en realidad no sé, si no es también, efecto del primero-. Debería considerarse brutal y desesperanzador la omisión del ''primer deseo''. La necesidad de pertenencia y anhelo es inevitable y atemporal. Pero, dicho de una manera superficial, digamos que era, tan solo, un magnetismo inconsciente.
La mirada, la mirada recia y esquiva, distante pero con aires de súplica, imposibilitaba el desvio de mi atención. Su ironia, en la que mis oídios sentían su verdad, o al menos creían escucharla. Su actitud corporal distante, y sus expresiones cargadas de un inevitable aire de superioridad.
Cada tanto me reía, y el también mientras consumía su atado lentamente. Hablábamos del pasado, condicionando nuestro presente, excusando nuestro futuro. Nos analizábamos minuciosamente. Él tratando de descubrir cuanto podría corromperme, yo intentando desnudar su implacable resistencia.
Él siempre victorioso. Yo izaba la bandera blanca, suplicando tregua.
Luli Soto.
-Y decime V., ¿qué carajo le ves a este tipo?- Si debo apelar a una honestidad brutal, diría que aún no descubro si es debido a esta constante y latente búsqueda de afecto en cuerpos ajenos, producida por una necesidad insatisfecha en mi deseo original; o un complejo y agudo apego al maltrato, propio de una conducta masoquista - que en realidad no sé, si no es también, efecto del primero-. Debería considerarse brutal y desesperanzador la omisión del ''primer deseo''. La necesidad de pertenencia y anhelo es inevitable y atemporal. Pero, dicho de una manera superficial, digamos que era, tan solo, un magnetismo inconsciente.
La mirada, la mirada recia y esquiva, distante pero con aires de súplica, imposibilitaba el desvio de mi atención. Su ironia, en la que mis oídios sentían su verdad, o al menos creían escucharla. Su actitud corporal distante, y sus expresiones cargadas de un inevitable aire de superioridad.
Cada tanto me reía, y el también mientras consumía su atado lentamente. Hablábamos del pasado, condicionando nuestro presente, excusando nuestro futuro. Nos analizábamos minuciosamente. Él tratando de descubrir cuanto podría corromperme, yo intentando desnudar su implacable resistencia.
Él siempre victorioso. Yo izaba la bandera blanca, suplicando tregua.
Luli Soto.
miércoles, 31 de marzo de 2010
''Regresión de sentimientos''.
Descarga todos sus suspiros en él.
Volvió a su memoria. No es que no haya estado siempre, constantemente –porque de hecho ya lo sentía parte de si- pero esta vez su recuerdo la acosa. Vuelve a pensarlo, más a menudo, al igual que cuando ellos eran ‘’uno’’.
Desconocía el origen de esta regresión, aunque se le ocurrían numerosos y válidos factores. Tal vez sea por su eminente ausencia – que con el correr de las horas se hacia más creciente y dolorosa- . Le resultaba estremecedor –de alguna retorcida manera, conmovedor- cómo repercutía aquel silencio en su cabeza. Quizás la falta de su tacto hacía que el deseo de ella aumentara; y que esa impotencia, esa abstinencia de su piel, de sus labios, de su ser , viera sus sentidos carcomidos. Y al igual que un adicto en busca de su droga, recurría a sus recuerdos para alivianar el peso de la necesidad. Sabe que eso no basta, sabe que no le basta.
En una de sus lecturas logró encontrarlo en cada renglón, identificarlo en ellos, recordarlo en una historia ajena. Vio su caracter, sus rasgos inherentes y sus maneras. Hasta le pareció leerlo en algunas frases.
Y se encontró a ella también en otra piel, pero con su misma alma, en otro cuerpo pero cubierto de los mismos deseos. Pero jamás logró descubrir aquel ''nosotros'' que tanto anhelaba. Luego comprendió que tal vez todo este tiempo habían estado recorriendo caminos paralelos -pero distintos- mediante los cuales se encontraban en algunas ocasiones, pero jamás llegaban a consolidar una unión. Nunca llegaban a encontrarse en el mismo espacio y tiempo, y jamás lo harían. Nunca lograrían compartir alguna noche, la misma cama. Separados por cristales, sin siquiera poder tocarse, y muchas veces con la gran duda, de si él también podría percibirla. Tal vez, todo este tiempo, había estado recorriendo aquel camino de a dos, en soledad.
'Pero no, aquella noche no pudo ser mentira'. Sí, era simplemente, irreal.
El recuerdo la perseguía, la duda la mataba, la frustración la torturaba. Se repetía una y otra vez ‘si no sangra no duele, si no sangra no duele’, por supuesto que dolía, y mucho más que la muerte.
Qué debía hacer? Qué más podía hacer?
Renunciar a su ser y sus sentidos, o simplemente eliminarlo de si, matarlo. Sin descubrir aún que las dos vías la conducían al mismo camino sin salida. Él ya era parte de ella.
Que mi memoria te ahogue en el pasado más lejano, donde ya no pueda verte. Cortar aquellos lazos para que de una vez por todas deje de sentirte - renunciando inconscientemente al propio tacto, para siempre-. Que mis oídos se hagan sordos para no escuchar nunca más aquel silencio. Que tu cuerpo muera -junto al mio- y que con ellos se escape tu recuerdo.
Y murió, acompañado de la dicha y las esperanzas. Y lo mató, ejecutando también parte de ella misma. Quizás su mejor porción. Quizás lo mejor que sería jamás.
No había más, se había ido. No más desvelos de madrugada, nunca más los celos ni la traición. No más color, no más versatilidad, no más amor. Y estaba aliviada, por fin era libre.
Súbitamente, acosada por el miedo, la necesidad y la soledad, lo ve resurgir de la nada misma.
Luli Soto.
Volvió a su memoria. No es que no haya estado siempre, constantemente –porque de hecho ya lo sentía parte de si- pero esta vez su recuerdo la acosa. Vuelve a pensarlo, más a menudo, al igual que cuando ellos eran ‘’uno’’.
Desconocía el origen de esta regresión, aunque se le ocurrían numerosos y válidos factores. Tal vez sea por su eminente ausencia – que con el correr de las horas se hacia más creciente y dolorosa- . Le resultaba estremecedor –de alguna retorcida manera, conmovedor- cómo repercutía aquel silencio en su cabeza. Quizás la falta de su tacto hacía que el deseo de ella aumentara; y que esa impotencia, esa abstinencia de su piel, de sus labios, de su ser , viera sus sentidos carcomidos. Y al igual que un adicto en busca de su droga, recurría a sus recuerdos para alivianar el peso de la necesidad. Sabe que eso no basta, sabe que no le basta.
En una de sus lecturas logró encontrarlo en cada renglón, identificarlo en ellos, recordarlo en una historia ajena. Vio su caracter, sus rasgos inherentes y sus maneras. Hasta le pareció leerlo en algunas frases.
Y se encontró a ella también en otra piel, pero con su misma alma, en otro cuerpo pero cubierto de los mismos deseos. Pero jamás logró descubrir aquel ''nosotros'' que tanto anhelaba. Luego comprendió que tal vez todo este tiempo habían estado recorriendo caminos paralelos -pero distintos- mediante los cuales se encontraban en algunas ocasiones, pero jamás llegaban a consolidar una unión. Nunca llegaban a encontrarse en el mismo espacio y tiempo, y jamás lo harían. Nunca lograrían compartir alguna noche, la misma cama. Separados por cristales, sin siquiera poder tocarse, y muchas veces con la gran duda, de si él también podría percibirla. Tal vez, todo este tiempo, había estado recorriendo aquel camino de a dos, en soledad.
'Pero no, aquella noche no pudo ser mentira'. Sí, era simplemente, irreal.
El recuerdo la perseguía, la duda la mataba, la frustración la torturaba. Se repetía una y otra vez ‘si no sangra no duele, si no sangra no duele’, por supuesto que dolía, y mucho más que la muerte.
Qué debía hacer? Qué más podía hacer?
Renunciar a su ser y sus sentidos, o simplemente eliminarlo de si, matarlo. Sin descubrir aún que las dos vías la conducían al mismo camino sin salida. Él ya era parte de ella.
Que mi memoria te ahogue en el pasado más lejano, donde ya no pueda verte. Cortar aquellos lazos para que de una vez por todas deje de sentirte - renunciando inconscientemente al propio tacto, para siempre-. Que mis oídos se hagan sordos para no escuchar nunca más aquel silencio. Que tu cuerpo muera -junto al mio- y que con ellos se escape tu recuerdo.
Y murió, acompañado de la dicha y las esperanzas. Y lo mató, ejecutando también parte de ella misma. Quizás su mejor porción. Quizás lo mejor que sería jamás.
No había más, se había ido. No más desvelos de madrugada, nunca más los celos ni la traición. No más color, no más versatilidad, no más amor. Y estaba aliviada, por fin era libre.
Súbitamente, acosada por el miedo, la necesidad y la soledad, lo ve resurgir de la nada misma.
Luli Soto.
sábado, 20 de marzo de 2010
S.-
La perseguí por el pasillo ahogada en rabia, sin poder controlar los gritos que afloraban de mi ser, cargados de un pasado cubierto de impotencia y lugares vacíos atestados de olvido. No sabía que la odiaba tanto. Mucho menos que la necesitaba. La necesitaba de una forma insólitamente desmesurada.
Mas no le importaban mis bramidos, ella seguía apartándose, siempre al frente, sin volver jamás la mirada hacia atrás. Mi voz casi en tono de súplica, entre el tormento y la angustia le exclamaba que se detuviera, que no se fuera. Atormentada por la desesperación, sintiéndome perdida y olvidada, viendo cómo aquella mujer se me iba de las manos, y con una certeza innegable de que no la volvería a ver.
Aún lo siento, y recuerdo cómo mis manos quisieron atajarla conmigo. Y hallo imposible de conceder el hecho de que me resulte tan difícil dejar partir a alguien a quien jamás creí presente.
Mi aliento de ira, dolor y temor no dejaba de repetir su nombre. En un arranque de cólera, mis brazos inconscientes la tumbaron, mis manos tomaron su cuello aplicando presión, y mi boca temblorosa la inmovilizó. 'Vos no te vas a ningún lado' dije con los ojos empapados de vergüenza y desdén. Ella miró, y luego guardó silencio.
La solté, porque sabía que mis brazos no podían retenerla. La humillación y la culpa me estremesían. No aguardó más y siguió caminando, huyendo.
Supliqué mil perdones, rogué que se quedara, embebida en llanto y horror. El pánico me envolvía, me poseía, y me copaba. Ella estaba cada vez más lejos.
-Silvia!- Grité, ya que a 'mamá' hacía oídos sordos. -Silvia por favor!-
Se dio vuelta, y sin embargo, cruzó la puerta.
No es necesario mencionar que - sin lugar a dudas- mis certezas eran correctas.
Luli Soto.
Mas no le importaban mis bramidos, ella seguía apartándose, siempre al frente, sin volver jamás la mirada hacia atrás. Mi voz casi en tono de súplica, entre el tormento y la angustia le exclamaba que se detuviera, que no se fuera. Atormentada por la desesperación, sintiéndome perdida y olvidada, viendo cómo aquella mujer se me iba de las manos, y con una certeza innegable de que no la volvería a ver.
Aún lo siento, y recuerdo cómo mis manos quisieron atajarla conmigo. Y hallo imposible de conceder el hecho de que me resulte tan difícil dejar partir a alguien a quien jamás creí presente.
Mi aliento de ira, dolor y temor no dejaba de repetir su nombre. En un arranque de cólera, mis brazos inconscientes la tumbaron, mis manos tomaron su cuello aplicando presión, y mi boca temblorosa la inmovilizó. 'Vos no te vas a ningún lado' dije con los ojos empapados de vergüenza y desdén. Ella miró, y luego guardó silencio.
La solté, porque sabía que mis brazos no podían retenerla. La humillación y la culpa me estremesían. No aguardó más y siguió caminando, huyendo.
Supliqué mil perdones, rogué que se quedara, embebida en llanto y horror. El pánico me envolvía, me poseía, y me copaba. Ella estaba cada vez más lejos.
-Silvia!- Grité, ya que a 'mamá' hacía oídos sordos. -Silvia por favor!-
Se dio vuelta, y sin embargo, cruzó la puerta.
No es necesario mencionar que - sin lugar a dudas- mis certezas eran correctas.
Luli Soto.
miércoles, 17 de febrero de 2010
''miserable at best''.
Caigo y camino a tientas en la realidad. Con sigilo y en una caminata antigua y lejana, por pasillos añejos de actos conclusos. Descubriendo nuestros hechos y mis esperanzas -por consiguiente- irreales, desnudos gracias una cruel objetividad.
Un amor ajeno, visto de costado.
Es claro que ser, nunca será más que una alusión de efectos pasados y deseos momentáneos. Que no será más que sexo, que no será amor. Solo tentaciones carnales, llantos, y centenares de dudas. Virginidades despojadas, cartas sin firmar, espacios vacíos en una cama de madrugadas. Hechos inconcretos, actos impropios, y declaraciones de amor alentadas por promesas triviales.
Noches llenas de renuncias y pertenencias. De pulsaciones que olvidaste y quisiste volver a sentir. De lo que te di, de lo que te faltó. Lo que no pude, lo que no fui.
Mis reprochas silenciosas, temerosas, casi esclavas y obedientes. Tus demandas revestidas, tus deseos convertidos en mis exigencias. Tus caprichos constantes e incesantes por no escapar del silencio de aquellas paredes ''sordas'' que a veces hasta podían oírnos, sentirnos.
Nuestros recuerdos marcados por aquellos intentos de ser ''Romeo&Julieta'' y nuestros múltiples finales de novela.
Las palabras a las que tanto les escapaste, las verdades que supiste disimular. Tu mirada cegadora, tus labios por momentos mudos, y otras tantas veces falaces, aquellas manos arrebatadoras, expropiadoras de libertad.
Todo aquello que recuerdo, o intento imaginar. Las excusas que fabulo para tu des-amor; sueños convertidos en quimeras, aquella utopía del ''vos y yo, nosotros'' una vez más.
Por siempre, por siempre tuya. Una devota enamorada, y nunca más nada.
Luli Soto.
Un amor ajeno, visto de costado.
Es claro que ser, nunca será más que una alusión de efectos pasados y deseos momentáneos. Que no será más que sexo, que no será amor. Solo tentaciones carnales, llantos, y centenares de dudas. Virginidades despojadas, cartas sin firmar, espacios vacíos en una cama de madrugadas. Hechos inconcretos, actos impropios, y declaraciones de amor alentadas por promesas triviales.
Noches llenas de renuncias y pertenencias. De pulsaciones que olvidaste y quisiste volver a sentir. De lo que te di, de lo que te faltó. Lo que no pude, lo que no fui.
Mis reprochas silenciosas, temerosas, casi esclavas y obedientes. Tus demandas revestidas, tus deseos convertidos en mis exigencias. Tus caprichos constantes e incesantes por no escapar del silencio de aquellas paredes ''sordas'' que a veces hasta podían oírnos, sentirnos.
Nuestros recuerdos marcados por aquellos intentos de ser ''Romeo&Julieta'' y nuestros múltiples finales de novela.
Las palabras a las que tanto les escapaste, las verdades que supiste disimular. Tu mirada cegadora, tus labios por momentos mudos, y otras tantas veces falaces, aquellas manos arrebatadoras, expropiadoras de libertad.
Todo aquello que recuerdo, o intento imaginar. Las excusas que fabulo para tu des-amor; sueños convertidos en quimeras, aquella utopía del ''vos y yo, nosotros'' una vez más.
Por siempre, por siempre tuya. Una devota enamorada, y nunca más nada.
Luli Soto.
sábado, 14 de noviembre de 2009
Madrugadas de habitación compartida
Se miran, se arriman, se acercan, se acoplan. Se besan, se rozan, se tientan, se tocan, se sienten.Se acarician, se aman, se anhelan, se desean, se necesitan. Se enciman,se poseen, se conectan, se ensamblan, juegan. Se fusionan, se aferran, se apoderan,se estimulan, se incitan, se provocan, se rien,se animan, se entretienen, se embriagan, se reclaman, se entusiasman, se avivan. Se mueven,se encienden,se agitan,se toman,se apretan,se comprimen,se descontrolan,se buscan,se encuentran,se palpitan,se descifran,se encantan,se cautivan,se apasionan,se desorientan,se perturban,se fascinan,se enloquecen,se contraen,se alborotan,se entrelazan,se apresan,se acorralan,se dominan,se someten,se desafían,se desgarran,se acaloran,se humedecen,se descubren,se complacen,se pierden,se unen,se completan,se entregan,se quieren,se demandan,se suplican,se abusan,se explotan,se descargan,se ahogan,se consumen,se satisfacen,se estremecen,tiemblan, gritan. Se liberan, se callan, se agotan, se alivian, se relajan, se abrazan, se regocijan, se contentan, se calman, se armonizan, susupiran. Se aflojan, se sueltan, se alejan, se rinden, se acuestan, se dispersan. Se miran, se acogen, se rodean,se estrechan,se envuelven, se despiden, se adormecen. Silencio.
Luli Soto
Luli Soto
sábado, 31 de octubre de 2009
Una puerta demasiado pesada
La agarra desprevenida y la toma por el cuello.Las yemas de sus dedos rozan su piel,sus rostros se acercan, su bocas pierden la distancia, y su respiración es la misma.
Él no lo sabe, pero le desgarra cada centímetro de su ser,y sus ojos la acosan, la perturban, la tientan. Aun más cerca, se siente el roce casi inevitable.
Silencios y suspiros. Finalmente se acerca a su oido,pronuncia esas tres palabras tan sutiles, y la toma cada vez más fuerte.
Mira sus labios incitando al deseo, llamando al pasado. La ve tan desarmada, tan rendida que le provoca reabrir la cicatriz.
Sus dedos se deslizan, resquebrajando la nueva piel, con la mirada fija ahogándose dentro de ella, alimentando sus temores, salvando sus ansias.
No hay futuro, no hay posibilidades, al menos esa noche; pero ella le pertenece y él lo sabe, no la dejaría ir jamás, tal vez por deseo, por cariño, o simplemente por mero capricho.
Él se aproxima aún mas, y logra un minimo roce entre sus labios. La confunde, la desorienta.
Desea decirlo, sacar aquellas palabras cobardes escondidas en lo más profundo de su ser. No quiero que se termine.
Calla, como siempre lo hace. Se distancia,se aleja de su tentación y se rie como emborrachada, para que el no descubra que su ausencia llora. Le sonrie, esperando poder convenserlo de aquella mentira, como si el no supiera que muere por tenerlo aunque sea una vez más.
Él toma su mano, le cuesta marcharse, y el por qué la hace morir de la intriga. Le cuesta tanto abrir la puerta, resulta más pesada de lo usual. Deben ser siempre así las despedidas con vos ?
Cierra la puerta, y una ultima sonrisa para el espectador. Se marcha, y ella se desvive por ir a recuperarlo, pero no es tiempo de eso. Supongo que nunca existió aquel tiempo.
El día que no este, la va a extrañar.
Luli Soto.
Él no lo sabe, pero le desgarra cada centímetro de su ser,y sus ojos la acosan, la perturban, la tientan. Aun más cerca, se siente el roce casi inevitable.
Silencios y suspiros. Finalmente se acerca a su oido,pronuncia esas tres palabras tan sutiles, y la toma cada vez más fuerte.
Mira sus labios incitando al deseo, llamando al pasado. La ve tan desarmada, tan rendida que le provoca reabrir la cicatriz.
Sus dedos se deslizan, resquebrajando la nueva piel, con la mirada fija ahogándose dentro de ella, alimentando sus temores, salvando sus ansias.
No hay futuro, no hay posibilidades, al menos esa noche; pero ella le pertenece y él lo sabe, no la dejaría ir jamás, tal vez por deseo, por cariño, o simplemente por mero capricho.
Él se aproxima aún mas, y logra un minimo roce entre sus labios. La confunde, la desorienta.
Desea decirlo, sacar aquellas palabras cobardes escondidas en lo más profundo de su ser. No quiero que se termine.
Calla, como siempre lo hace. Se distancia,se aleja de su tentación y se rie como emborrachada, para que el no descubra que su ausencia llora. Le sonrie, esperando poder convenserlo de aquella mentira, como si el no supiera que muere por tenerlo aunque sea una vez más.
Él toma su mano, le cuesta marcharse, y el por qué la hace morir de la intriga. Le cuesta tanto abrir la puerta, resulta más pesada de lo usual. Deben ser siempre así las despedidas con vos ?
Cierra la puerta, y una ultima sonrisa para el espectador. Se marcha, y ella se desvive por ir a recuperarlo, pero no es tiempo de eso. Supongo que nunca existió aquel tiempo.
El día que no este, la va a extrañar.
Luli Soto.
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