''I had a really good childhood up until I was nine, then a classic case of divorce really affected me.'' (Kurt Cobain)

miércoles, 31 de marzo de 2010

''Regresión de sentimientos''.

Descarga todos sus suspiros en él.
Volvió a su memoria. No es que no haya estado siempre, constantemente –porque de hecho ya lo sentía parte de si- pero esta vez su recuerdo la acosa. Vuelve a pensarlo, más a menudo, al igual que cuando ellos eran ‘’uno’’.
Desconocía el origen de esta regresión, aunque se le ocurrían numerosos y válidos factores. Tal vez sea por su eminente ausencia – que con el correr de las horas se hacia más creciente y dolorosa- . Le resultaba estremecedor –de alguna retorcida manera, conmovedor- cómo repercutía aquel silencio en su cabeza. Quizás la falta de su tacto hacía que el deseo de ella aumentara; y que esa impotencia, esa abstinencia de su piel, de sus labios, de su ser , viera sus sentidos carcomidos. Y al igual que un adicto en busca de su droga, recurría a sus recuerdos para alivianar el peso de la necesidad. Sabe que eso no basta, sabe que no le basta.
En una de sus lecturas logró encontrarlo en cada renglón, identificarlo en ellos, recordarlo en una historia ajena. Vio su caracter, sus rasgos inherentes y sus maneras. Hasta le pareció leerlo en algunas frases.
Y se encontró a ella también en otra piel, pero con su misma alma, en otro cuerpo pero cubierto de los mismos deseos. Pero jamás logró descubrir aquel ''nosotros'' que tanto anhelaba. Luego comprendió que tal vez todo este tiempo habían estado recorriendo caminos paralelos -pero distintos- mediante los cuales se encontraban en algunas ocasiones, pero jamás llegaban a consolidar una unión. Nunca llegaban a encontrarse en el mismo espacio y tiempo, y jamás lo harían. Nunca lograrían compartir alguna noche, la misma cama. Separados por cristales, sin siquiera poder tocarse, y muchas veces con la gran duda, de si él también podría percibirla. Tal vez, todo este tiempo, había estado recorriendo aquel camino de a dos, en soledad.
'Pero no, aquella noche no pudo ser mentira'. Sí, era simplemente, irreal.
El recuerdo la perseguía, la duda la mataba, la frustración la torturaba. Se repetía una y otra vez ‘si no sangra no duele, si no sangra no duele’, por supuesto que dolía, y mucho más que la muerte.
Qué debía hacer? Qué más podía hacer?
Renunciar a su ser y sus sentidos, o simplemente eliminarlo de si, matarlo. Sin descubrir aún que las dos vías la conducían al mismo camino sin salida. Él ya era parte de ella.
Que mi memoria te ahogue en el pasado más lejano, donde ya no pueda verte. Cortar aquellos lazos para que de una vez por todas deje de sentirte - renunciando inconscientemente al propio tacto, para siempre-. Que mis oídos se hagan sordos para no escuchar nunca más aquel silencio. Que tu cuerpo muera -junto al mio- y que con ellos se escape tu recuerdo.

Y murió, acompañado de la dicha y las esperanzas. Y lo mató, ejecutando también parte de ella misma. Quizás su mejor porción. Quizás lo mejor que sería jamás.
No había más, se había ido. No más desvelos de madrugada, nunca más los celos ni la traición. No más color, no más versatilidad, no más amor. Y estaba aliviada, por fin era libre.
Súbitamente, acosada por el miedo, la necesidad y la soledad, lo ve resurgir de la nada misma.

Luli Soto.

sábado, 20 de marzo de 2010

S.-

La perseguí por el pasillo ahogada en rabia, sin poder controlar los gritos que afloraban de mi ser, cargados de un pasado cubierto de impotencia y lugares vacíos atestados de olvido. No sabía que la odiaba tanto. Mucho menos que la necesitaba. La necesitaba de una forma insólitamente desmesurada.
Mas no le importaban mis bramidos, ella seguía apartándose, siempre al frente, sin volver jamás la mirada hacia atrás. Mi voz casi en tono de súplica, entre el tormento y la angustia le exclamaba que se detuviera, que no se fuera. Atormentada por la desesperación, sintiéndome perdida y olvidada, viendo cómo aquella mujer se me iba de las manos, y con una certeza innegable de que no la volvería a ver.
Aún lo siento, y recuerdo cómo mis manos quisieron atajarla conmigo. Y hallo imposible de conceder el hecho de que me resulte tan difícil dejar partir a alguien a quien jamás creí presente.
Mi aliento de ira, dolor y temor no dejaba de repetir su nombre. En un arranque de cólera, mis brazos inconscientes la tumbaron, mis manos tomaron su cuello aplicando presión, y mi boca temblorosa la inmovilizó. 'Vos no te vas a ningún lado' dije con los ojos empapados de vergüenza y desdén. Ella miró, y luego guardó silencio.
La solté, porque sabía que mis brazos no podían retenerla. La humillación y la culpa me estremesían. No aguardó más y siguió caminando, huyendo.
Supliqué mil perdones, rogué que se quedara, embebida en llanto y horror. El pánico me envolvía, me poseía, y me copaba. Ella estaba cada vez más lejos.
-Silvia!- Grité, ya que a 'mamá' hacía oídos sordos. -Silvia por favor!-
Se dio vuelta, y sin embargo, cruzó la puerta.
No es necesario mencionar que - sin lugar a dudas- mis certezas eran correctas.

Luli Soto.