Eran aproximadamente las dos de la madrugada de un viernes desierto. Para su sorpresa, en la calle no habia alma alguna, tanto asi que el ruido de sus zapatos negros de charol resonaba en el ambiente como una estampida de elefantes iracundos. Normalmente solia encontrar en su caminata, algun que otro ebrio tambaleándose sufriendo las desventuras del amor y cantando en solitario; o el habitual grupo de jóvenes amigos perturbando la tranquilidad de la noche, y las bocinas solian quebrantar abruptamente el silencio de la madrugada. Pero esta vez no. No encontró a ningun borracho con el corazón partido, los amigos al parecer se quedaron en casa, y el asfalto estaba libre de ruedas. Era solo ella. Ella y las hojas vencidas por el otoño.. que gran compania.
Los segundos se hacian minutos, los minutos se hacian horas, y las horas se hacian años.. toda su vida habia sido de esa manera, pero ese día el tiempo se estancó, se hizo eterno.
Sollozos en el medio de la noche.
Ella había escrito muchas veces ya sobre esa clase de desventuras, pero vivirlas era totalmente distinto. Sentirlas.. esa era la parte complicada. Sabés qué se siente con esa clase de amor ? Una total impotencia.
Cuánta vulnerabilidad ! -pensaba- y luego soñaba con desarmarse en sus brazos. ¿Qué tan frágil se puede ser cuando se ama como ella lo hacia ? Ahora entendia el sufrimiento de sus personajes en sus historias, en sus fantasias; y hasta se apenaba por haberlos hecho sentir de esa manera. De repente el dolor se sentía en carne propia y no era nada agradable,a decir verdad, era sanguinario. Recordaba los vuelcos de sus historias, las idas y vueltas, sus gloriosos remates; y su memoria la proyectaba una y otra vez en cada novela, en cada relación que habia forjado con el puño y la letra, en cada beso, y en cada llanto. Como una revelación, un shock de agua fría. Sabía lo que se sentía, ahora -dicho de una manera vulgar- ''estaba hasta las manos''.
Se avergonzaba de su debilidad, pero no veia nada más satisfactorio que refugiarse en su cuerpo. Quería acabar con ese milenario anochecer, despertar por la mañana siguiente y renacer.. Aunque sea despertar. Pero le era imposible, no podía sobrevivir a aquel amor. Y honestamente, no estaba segura de querer hacerlo. Tal vez su problema era en resumen aquello solo, no quería.
Fin de la caminata, por fin vuelve a sentir el calor del hogar. Se despoja de sus abrigos, y en un movimiento sutil relaja todo el cuerpo.
Suena Damien Rice de fondo.. melancólicos recuerdos, nostálgica su memoria. El sonido del timbre interrumpe aquel exquisito compás, inconscientemente su mente invoca viejas épocas, era él. Se alborota, se exalta; sus sentimientos y los recuerdos le pueden, la tienen cautiva.
Repentinamente, serenidad. Ya no tenía más sospechas ni temores, sabía su elección. Es increible como un beso hace que todo cobre sentido.
Luli Soto
1 comentario:
Qué hermoso lo que escribís, me gustó mucho. ♥ Un besito enorme, cuidate-
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