''I had a really good childhood up until I was nine, then a classic case of divorce really affected me.'' (Kurt Cobain)

sábado, 3 de abril de 2010

Santo Jueves.

Fumó otra pitada y compartió con ella, una vez más, los restos de su amarga sonrisa. Desviaba y centraba la vista en distintos puntos, para esquivar su mirada. Sentía que de esta manera -en su retorcida cabeza- hacia de aquella intimidad y de su relato, algo ajeno, más impropio. Lo cierto era que la tristeza se le notaba en el más mínimo pliegue, y aquellas ganas de tomarle la mano me eran infinitas.
-Y decime V., ¿qué carajo le ves a este tipo?- Si debo apelar a una honestidad brutal, diría que aún no descubro si es debido a esta constante y latente búsqueda de afecto en cuerpos ajenos, producida por una necesidad insatisfecha en mi deseo original; o un complejo y agudo apego al maltrato, propio de una conducta masoquista - que en realidad no sé, si no es también, efecto del primero-. Debería considerarse brutal y desesperanzador la omisión del ''primer deseo''. La necesidad de pertenencia y anhelo es inevitable y atemporal. Pero, dicho de una manera superficial, digamos que era, tan solo, un magnetismo inconsciente.
La mirada, la mirada recia y esquiva, distante pero con aires de súplica, imposibilitaba el desvio de mi atención. Su ironia, en la que mis oídios sentían su verdad, o al menos creían escucharla. Su actitud corporal distante, y sus expresiones cargadas de un inevitable aire de superioridad.
Cada tanto me reía, y el también mientras consumía su atado lentamente. Hablábamos del pasado, condicionando nuestro presente, excusando nuestro futuro. Nos analizábamos minuciosamente. Él tratando de descubrir cuanto podría corromperme, yo intentando desnudar su implacable resistencia.
Él siempre victorioso. Yo izaba la bandera blanca, suplicando tregua.
Luli Soto.

No hay comentarios: